Libertad que te anida
No detengas tus pasos, aunque duela cada huella que dejas atrás. Avanza, no por mí, yo soy solo un eco, un murmullo breve que el viento arrastró a tu rincón de cielo. Tengo voz, pero no el poder sobre tu vuelo, mi voluntad es un hilo que no ata, y aunque mis manos tiemblen al verte partir, sé que amar tu libertad es amarte en plenitud, incluso lejos de mí. Haz lo que te grite el alma, lo que pinte tu risa en el lienzo del mundo. No te detengas por mí, que soy un don nadie ante el arte de tu ser, avanza por lo que refleje luz quizá pasajera, por el destello que enciende tu mirada. Tu esencia no se adorna ni se aprisiona, y aunque me duela el cambio, sé que no hay amor más puro que el de quien suelta las cadenas para verte ser libre. Aun que los efectos de esa libertad sea pasajeros.